Sudamérica está en una etapa crucial en su evolución energética. Después de años de inquietud acerca de la disponibilidad del gas natural, la situación ha cambiado drásticamente. Actualmente, el reto principal radica en crear un mercado regional integrado que maximice los recursos disponibles, refuerce la seguridad energética y convierta la energía en un motor de competitividad y desarrollo para América Latina y el Caribe.
Este fue el mensaje fundamental presentado por Guido Maiulini, Jefe de Asesoría Estratégica de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), durante el seminario web Hacia un mercado regional para el gas natural, organizado por el Mercado Electrónico de Gas (MEGSA). En su presentación, detalló los hallazgos clave del estudio sobre integración gasífera que OLACDE lleva a cabo con la colaboración de CAF–Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, una investigación que redefine las posibilidades de cooperación energética entre los países del MERCOSUR y Chile.
“El verdadero desafío ya no es la disponibilidad del gas, sino construir un mercado regional”, enfatizó Maiulini al resumir la nueva realidad energética que enfrenta Sudamérica.
El análisis realizado por OLACDE destaca que la región dispone actualmente de condiciones sin precedentes para avanzar hacia una integración energética más profunda. Los recursos del Vaca Muerta podrían satisfacer la demanda regional más allá del año 2050, mientras que se prevé que la producción brasileña pueda triplicarse hacia 2040 gracias al desarrollo del Pré-sal. Al mismo tiempo, el descenso progresivo en la producción boliviana está reconfigurando los flujos de suministro y brindando una oportunidad para reorganizar el mercado regional sobre nuevas bases cooperativas.
Una oportunidad económica para toda la región
Las proyecciones del estudio indican que una mayor integración podría incrementar notablemente el comercio energético entre las naciones. Según OLACDE, un mercado regional completamente integrado podría movilizar entre 60 y 70 millones de metros cúbicos diarios de gas natural, generar entre USD 4.000 millones y USD 5.000 millones anuales en intercambios comerciales y sustituir aproximadamente USD 2.400 millones al año en importaciones de combustibles, lo cual disminuiría la dependencia externa y fortalecería la resiliencia energética regional.
Para esta organización, estos resultados evidencian que la integración energética ya no es solo una meta técnica; se ha convertido en una política estratégica destinada a promover el crecimiento económico, mejorar la competitividad industrial y aumentar la seguridad del suministro.
Integración para un desarrollo más resiliente
OLACDE enfatiza que integrar energéticamente a los países es esencial para reducir su vulnerabilidad ante crisis internacionales, interrupciones en los suministros e inestabilidad en los mercados energéticos globales.
Como parte de esta estrategia, trabajan junto al Subgrupo de Trabajo N.º 9 del MERCOSUR en una agenda regulatoria convergente destinada a armonizar normas técnicas, contratos, tarifas, mecanismos para gestionar crisis e intercambio de información energética entre los estados miembros.
Concluyendo su exposición, Maiulini afirmó que el verdadero valor derivado de integrar las energías trasciende simplemente el comercio asociado al gas. “La energía hoy tiene potencial para ser uno de los pilares fundamentales para abordar los antiguos problemas del desarrollo latinoamericano”, afirmó al señalar que un mercado regional más cohesionado facilitará mejorar productividad, atraer nuevas inversiones, expandir oportunidades económicas y elevar así la calidad de vida para millones en América Latina.
A través de esta propuesta, OLACDE reafirma su compromiso con impulsar una integración energética basada en cooperación regional, seguridad abastecedora y mercados más eficientes capaces de convertir los recursos energéticos sudamericanos en pilares para un desarrollo sostenible y prosperidad compartida.
