El acceso a soluciones de cocción limpias no es solo una cuestión de tecnología o un desafío económico, sino, sobre todo, un imperativo social, de salud y ambiental. En América Latina y el Caribe, más de 50 millones de personas todavía tienen que usar leña para cocinar, lo cual además de ser un problema de equidad, representa una gran presión sobre la salud pública y los ecosistemas.
Según un análisis prospectivo de OLADE en la undécima Nota Técnica “Panorama sobre Cocción Limpia en América Latina y el Caribe”, en la próxima década, se debiese reemplazar 62 millones de toneladas de leña cada año mediante electricidad, gas licuado de petróleo, gas natural y biogás. Esta requeriría 11 TWh de energía y una inversión de alrededor de 7,7 mil millones de dólares. Se trata de una inversión que aunque considerable es necesaria y se justifica por los beneficios que traerá; mejorar la calidad de vida, reducir la incidencia de enfermedades respiratorias, y cumplir con los compromisos climáticos y de desarrollo sostenible.
Los desafíos no son menores. El acceso universal a la cocina limpia para el 95% de la población mundial dependerá de marcos regulatorios sólidos, financiamiento, avances tecnológicos y políticas públicas inclusivas. La integración de la sociedad civil, el sector privado y las organizaciones multilaterales son actores claves para garantizar que las soluciones se adapten al contexto cultural, económico y territorial de cada comunidad.
La región tiene la oportunidad de convertirse en un referente internacional, demostrando que la transición energética no es solo la tarea de descarbonizar las matrices energéticas o promover la expansión de las energías renovables, sino también un cambio tangible en la realidad diaria de millones de hogares. Este compromiso es, para nosotros, una parte integral de la visión de una transformación energética justa, inclusiva y sostenible.
No hay una transición justa cuando todavía existen brechas que condenan a millones de familias a soluciones ineficientes y contaminantes. La energía es un derecho básico de todos los seres humanos y que solo a través de un esfuerzo colectivo y cooperativo podemos asegurar un futuro energético sostenible para América Latina y el Caribe.