La inflación energética en América Latina y el Caribe alcanzó 8.03% en junio de 2026, su nivel más alto del año y muy por encima de la inflación total (4.49%). El aumento estuvo impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente, que elevaron los costos de importación, refinación y transporte, encareciendo especialmente la gasolina, cuyo precio promedio fue el más alto del primer semestre.
Los precios de la gasolina y el diésel se mantuvieron elevados y no regresaron a los niveles de febrero, debido a factores como costos operativos, impuestos, subsidios, rigideces regulatorias y el desfase en el uso de inventarios. Aunque el precio internacional del crudo moderó su aumento inicial, los combustibles siguieron presionando los precios internos.
Como resultado, los combustibles líquidos se consolidaron como el principal motor de la inflación energética regional, afectando a los hogares, el transporte y la actividad productiva.
