La Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) presentó el curso Impacto de la Incorporación de la Movilidad Eléctrica sobre las Redes de Distribución, un espacio de formación técnica orientado a analizar uno de los cambios más relevantes que enfrenta actualmente el sector eléctrico de América Latina y el Caribe: la creciente adopción de la electromovilidad y sus efectos sobre la planificación, operación y expansión de las redes, particularmente a nivel de distribución.
Durante la sesión inaugural, Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de OLACDE, destacó la importancia de fortalecer la integración energética regional y de preparar los sistemas eléctricos para acompañar la transición hacia tecnologías más limpias, eficientes y sostenibles, subrayando que la movilidad eléctrica debe abordarse como un componente estructural de la planificación energética.
Desde el ámbito académico, Dennis Rivera, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, presentó estudios sobre el impacto de la electromovilidad en sistemas eléctricos con limitaciones estructurales, aportando herramientas de modelación y evaluación adaptadas al contexto centroamericano. En su análisis, señaló que la incorporación de vehículos eléctricos en la región requiere una planificación cuidadosa que considere la capacidad de red, la infraestructura disponible, los costos y las realidades económicas de cada país.
Por su parte, Gloria Alvarenga, Directora de Integración, Acceso y Seguridad Energética de OLACDE, enfatizó la necesidad de fortalecer las capacidades técnicas e institucionales de los países para anticipar los efectos de la nueva demanda eléctrica sobre las redes de distribución y garantizar la confiabilidad del servicio.
Asimismo, Fitzgerald Cantero, Director de Estudios, Proyectos e Información de OLACDE, contextualizó el crecimiento acelerado del parque de vehículos eléctricos en la región y sus implicaciones sobre la generación, transmisión, distribución y la infraestructura de carga, destacando la necesidad de una visión integral del sistema eléctrico.
Durante el curso, Jonathan Muñoz Tábora, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, expuso evidencia técnica que demuestra que la expansión de la movilidad eléctrica ya está generando impactos directos en las redes de distribución. La carga rápida, que puede requerir entre 40 y más de 80 kW por punto, provoca variaciones bruscas de demanda, caídas de tensión y mayores exigencias sobre alimentadores y transformadores, además de introducir distorsión armónica asociada a la electrónica de potencia.
Las discusiones coincidieron en que la movilidad eléctrica está evolucionando hacia esquemas de carga inteligente, con tarifas horarias, precios en tiempo real y plataformas de gestión de recursos energéticos distribuidos (DERMS), donde los vehículos eléctricos comienzan a actuar como fuentes de flexibilidad del sistema, incluso a través de esquemas Vehicle-to-Grid (V2G).
El análisis de casos, como el de Honduras, evidenció que la recarga en horas pico puede agravar problemas de sobrecarga y tensión, mientras que la recarga en horas valle resulta más viable, confirmando que la planificación de la electromovilidad debe coordinar la ubicación de cargadores, los horarios de operación, la capacidad de red y las señales tarifarias.
El curso concluyó con un mensaje central: la movilidad eléctrica ya no es únicamente un cambio en el transporte, sino un nuevo componente operativo de los sistemas eléctricos que exige planificación técnica rigurosa, digitalización de redes, gestión activa de la demanda y marcos normativos adecuados para avanzar hacia sistemas energéticos más flexibles, resilientes y sostenibles en América Latina y el Caribe.
