América Latina y el Caribe (ALC) enfrentan una paradoja que ofrece oportunidades. Con la región avanzando hacia fuentes de energía renovable, millones de toneladas de residuos sólidos de nuestras ciudades están ingresando a los vertederos cada día, lo que representa una amenaza significativa para el medio ambiente, la salud y el clima.
Lo que durante décadas se consideró un problema básico de gestión municipal se ha visto como una oportunidad estratégica para mejorar la seguridad energética, reducir las emisiones y acelerar la transición hacia una economía circular. Se producen más de 541,000 toneladas de residuos cada día, una cantidad que aumenta con la urbanización y los cambios en el consumo.
Una proporción significativa de estos residuos termina en vertederos donde se produce metano, un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento mucho mayor en comparación con el dióxido de carbono. Pero este gas, si se captura y utiliza adecuadamente, puede ser una fuente local crucial de energía. En este contexto, la recuperación de energía de los residuos, llamada Waste-to-Energy, se establece como una piedra angular dentro del esfuerzo de transición energética regional. No busca suplantar las energías solar, eólica o hidroeléctrica, sino que se integra con ellas como una solución que cumple un desafío ambiental y energético de manera razonable al generar de manera factible, reducir las emisiones y fortalecer los sistemas eléctricos. En ALC, con una alta fracción de materia orgánica (con más del 50%) en sus residuos, la técnica de digestión anaeróbica es ampliamente viable.
Esta tecnología permite el procesamiento de residuos alimentarios, lodos, estiércol y efluentes agroindustriales con producción de biogás y biometano en aplicaciones de menor complejidad y costo que otras formas de procesamiento térmico. Adaptable a diversas escalas y entornos, es un dispositivo esencial para ciudades medianas y áreas con pocos recursos, siendo un habilitador inicial para la mitigación climática de altas emisiones de metano a la atmósfera. Igualmente, la combustión directa de residuos se está volviendo más significativa, como en situaciones urbanas afectadas por la presión donde la cantidad de residuos se desperdicia, debido a su capacidad para reducir el volumen de residuos generados, al tiempo que ofrece calor o electricidad al vertedero.
En el Caribe, esta oportunidad es particularmente urgente. Muchos estados insulares enfrentan mercados eléctricos limitados, alta dependencia de combustibles fósiles importados, y el último recurso para la eliminación de residuos energéticos está sujeto a controles territoriales altamente restrictivos.
El concepto no es teórico, ni tampoco su viabilidad en nuestra región. Algunos proyectos operativos en práctica ya están mostrando sus beneficios ambientales y energéticos a través de la conversión de vertederos en fuentes de energía. Estas experiencias demuestran una posible manera en que los residuos pueden convertirse de una responsabilidad ambiental en una oportunidad estratégica de energía.
En este sentido, la recuperación de energía no es solo una solución tecnológica, sino un factor fundamental para lograr la seguridad energética y la resiliencia climática al aliviar la presión sobre los vertederos, minimizar las importaciones de energía y promover más autonomía de sus sistemas energéticos.

