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Género y Energía

Cuando hablamos de mujeres pensamos en las tareas que socialmente han sido asignadas a ellas, como los roles de reproducción de las familias y por lo tanto el cuidado diario de su alimento, su salud; en otras palabras, garantizar la seguridad alimentaria y el bienestar familiar en general. Esa es la realidad que también está presente cuando pensamos la relación con la energía.

En el área rural las mujeres están relacionadas con la  agrobiodiversidad , la provisión de leña y agua, clasificación de semillas, preparación de alimentos, labores agrícolas en todos los ciclos productivos, almacenamiento de especies, labores culturales (como el control de plagas), crianza de animales (en especial de especies menores), comercialización en mercados locales, medicina tradicional para el cuidado de la familia y en las áreas urbanas sin bien se han incorporado al sector laboral formal o informal, tampoco han dejado de ser responsables de las tareas domésticas,  lo que supone largas jornadas de trabajo. En estos emprendimientos y en las tareas diarias el contar con fuentes de energía eficientes y a costos accesibles es fundamenta.  Esto no siempre es reconocido y valorado por quienes asesoran o elaboran políticas energéticas.

Existen varias desigualdades de género que se agravan por otras condiciones como la clase social, la pertenencia étnica u opción sexual o de discapacidad, como vemos en estos datos:

Del total de 1.4 billones de personas que viven en pobreza en el mundo, el  60% son mujeres.

Dos tercios de los 960 millones de los analfabetos son mujeres y de los 130 millones que no asisten a la escuela el 70% son niñas.

El tiempo de género nos indica que las mujeres rurales deben emplear 18 horas al día en las tareas a ellas encomendadas socialmente, frente a las  12 que los hombres trabajan.  En las zonas urbanas, las mujeres trabajan 15 horas y 10 los hombres. Esto habla de una pobreza de tiempo para educarse, capacitarse o descansar.

Según el Banco Mundial, los hombres ganan en promedio un 17 % más que las mujeres por igual trabajo. La mayor brecha se encuentra en Brasil donde los hombres ganan el 30% más que las mujeres. Otra desigualdad es frente al ingreso, directamente relacionado con los niveles de pobreza. Los afrodescendientes e indígenas ganan 28% menos que los mestizos.

Las mujeres producen el 80% de los alimentos en Africa, el 60% en Asia y el 40% en América pero son dueñas de menos del 1% de la tierra .

En la Región Andina, el 18% de la jefatura de hogares en el área rural es femenina.

La posibilidad de usar algún recurso energético, tiene diferente impacto en hombres y en mujeres. Pues las mujeres son las principales USUARIAS DE ENERGIA, ya sean por sus distintas tareas productivas o por su trabajo doméstico no remunerado pero se encuentran ausentes de los sectores donde se toman las decisiones sobre los recursos energéticos pues se considera que es un tema exclusivamente técnico y neutral al género.

Es necesario que el sector energético comprenda la necesidad de formar equipos sensibles al enfoque de género para que puedan apoyar los proyectos y políticas que se elaboran en hidrocarburos, electricidad, energías renovables, etc:,  pues muy pocas mujeres están involucradas en el sector energético y en la planificación energética; y aún menos mujeres están formadas en el enfoque de género por lo que no es común que hablen de las necesidades de las mujeres.

Es preciso además trabajar en estadísticas regionales que nos den cuenta de las brechas en el acceso a los recursos energéticos. Estos datos no están disponibles o no se ven como importantes en los tomadores de decisión. También se hace urgente contar con herramientas de capacitación que  incluyan casos de países de Latinoamérica y el Caribe y dotar a las mujeres de tecnologías y medios modernos de energía, eso las independiza económicamente y contribuye a tomar decisiones sobre sus vidas. Las políticas energéticas impulsadas por los países suelen dirigirse al suministro de Energía y no del ciclo de desarrollo integral que puede y debe estar unido a la fuente de energía; dicho de otra manera, atrás de la luz, el panel solar, o la planta eléctrica puede promoverse el proyecto productivo de las mujeres, el crédito, la asistencia técnica; etc; y con ello la mejora de las condiciones de vida de las familias y la lucha contra la pobreza.

OLADE hace una apuesta y contribución a su trabajo regional al reconocer estas diferencias de género en la toma de decisiones y en el desarrollo en general para lo cual ha formulado una Estrategia de género cuyo objetivo principal es:

Contribuir a tener un sector energético que responda a las necesidades de los países en cuanto a la reducción de las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres en el acceso y control de recursos energéticos necesarios para su desarrollo y medios de vida sostenibles.

Y para conseguirlo se ha identificado 4 componentes, o líneas estratégicas as er trabajadas de manera sostenida y simultánea:

  • COMPROMISO POLITICO DE ALTO NIVEL EN EL SECTOR ENERGETICO
  • MAINSTREAMING
  • INVESTIGACION Y GENERACION DE CONOCIMIENTO
  • ALIANZAS ESTTRATEGICAS

La creación de la Red de expertos y expertas en Energía y Género contribuye a todas estas líneas estratégicas pues promueve el intercambio de conocimientos, debates y herramientas desarrollados sobre el tema en la Región Latinoamericana y el Caribe y nos permite avanzar de  forma conjunta para mejorar las capacidades de análisis en género del personal técnico, político y asesor de los sectores gubernamentales, sociedad civil y de la cooperación, relacionado con el sector energético.