MAYO 2020

Pandemia y esperanza en un cambio de época

En esta pandemia he leído muchos artículos del tema y sin lugar a dudas un trabajo de José Luis Lupo (La Nación, abril 21, 2020, Argentina; Lupo es Gte. del Dpto. Cono Sur del BID) ha sido uno de los más reveladores en su abordaje. El concepto detrás de su artículo es que nos enfrentamos a un cambio de época y no a una época de cambios; siendo este juego de palabras una idea fuerza que resume acertadamente lo que hoy la humanidad está transitando.

Estamos ante una crisis sin precedentes; hubieron crisis a nivel de demanda o de oferta; sin embargo, esta crisis es una crisis de oferta y de demanda con un alcance global, pero a la vez se instala como una crisis del modelo de desarrollo actual.

Está de moda hablar de las innovaciones disruptivas y aplicar el término en ese contexto. Pero la disrupción en innovación se aplica a un cambio con impacto en una industria, aunque limitado a un mundo que conocemos y en términos generales dominamos; sin embargo hoy nos enfrentamos posiblemente a la disrupción de nuestro modelo social y de desarrollo, tal vez con la necesidad de establecer un nuevo contrato social como bien advierte Lupo en su artículo y en un contexto de total incertidumbre. En esta misma corriente conceptual me interesa aportar algunos elementos con foco en el impacto del cambio de época en la energía y el medio ambiente.

Esta pandemia nos enfrentó a un cambio de paradigmas en el protagonismo del petróleo en el desarrollo de la sociedad moderna. Nos encontramos ante una caída abrupta de los precios del petróleo llegando a valores negativos. De este modo industrias clave se enfrentan a una situación crítica, por eso difícilmente volvamos a la normalidad tal cual la conocíamos. Al retomar las actividades, en una nueva normalidad, la demanda se verá afectada por nuevos patrones de consumo con un efecto directo en los combustibles fósiles y por lo tanto en la industria petrolera a lo largo de toda su cadena. Definitivamente no observaremos la desaparición del petróleo, que seguirá siendo relevante en el contexto energético global, pero probablemente el petróleo no tendrá el peso geopolítico al que estamos acostumbrados. Una nueva época, en la que el petróleo posiblemente tendrá menos injerencia en la geopolítica global.

El vínculo entre esta pandemia y otros procesos de destrucción del ambiente estará necesariamente presente en la nueva normalidad. Tengo confianza en que esta conciencia colectiva será el motor de los cambios, y será la sociedad en su conjunto la que demandará a sus líderes ese compromiso en temas como el cambio climático; requiriéndose cambios sustanciales. Empresas con un mayor compromiso con la sociedad en la cual están insertas y el entendimiento del rol del Estado en el establecimiento de políticas públicas activas y efectivas. Se requerirán acciones más asertivas en materia de reducción de gases de efecto invernadero, se nos termina el tiempo y la nueva época se inicia con una emergencia climática que coincide con una pandemia global. Una nueva época en la cual la agenda medioambiental se encuentre dentro de las prioridades de cada Estado como una demanda genuina de sus contribuyentes.

Posiblemente en este tiempo observaremos la socialización de las pérdidas de sectores clave y la intervención del Estado para asegurar la continuidad de actividades esenciales; pero también el cambio de condiciones de contrato en las empresas, que para asegurar su continuidad deberán contribuir solidariamente en una salida a esta crisis generalizada. Una nueva época en la que las empresas ya no serán exclusivamente maximizadoras de ganancias, sino que deberán integrar una visión ética y de compromiso social.

El Estado será el responsable de actuar en las políticas y regulaciones vigentes para asegurar y permitir la continuidad de los servicios públicos y contemplando los aspectos sociales y los derechos de sus ciudadanos. Una nueva época que integre las acciones de privados y del Estado de forma colaborativa y modificando ese antagonismo entre un modelo estatista y otro privatizador.

Sin dudas la nueva época presentará desafíos, no fáciles de salvar. El tema de fondo es cómo lograr cambios reales y oportunidades para el desarrollo solidario y comprometido de la humanidad respetando derechos básicos como el acceso a sistemas de salud, el cuidado del medioambiente y el acceso a la educación.

Este “bicho” metió casi todas las bolas al bolillero de nuestra existencia y comienza un nuevo juego. Este cambio de época nos da la oportunidad única de jugar un rol más responsable con nosotros, con el medioambiente y con las generaciones futuras. No lo desperdiciemos, tal vez sea la última vuelta en este juego de la humanidad.

Saludos desde Quito-Ecuador.
Alfonso Blanco
Secretario Ejecutivo de OLADE

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